En el contexto de la Guerra de Sucesión, Xàtiva se mantuvo fiel a la causa del Archiduque Carlos de Austria. Tras la derrota austracista en la Batalla de Almansa, las tropas borbónicas lideradas por D’Asfeld sitiaron la ciudad, que resistió con una valentía que acabaría costándole muy caro.
«La obstinada rebeldía de los naturales de la ciudad de Xàtiva… me ha obligado a mandar que se pase a cuchillo a todos sus habitantes y se ponga fuego a la ciudad». — Orden ejecutada por las tropas de Felipe V.
Durante días, las llamas devoraron palacios, conventos y viviendas. La ciudad fue reducida a escombros y sus habitantes fueron expulsados, prohibiéndoles regresar. Para humillar aún más a los supervivientes, Felipe V ordenó borrar el nombre de Xàtiva del mapa, renombrándola como «Nueva Colonia de San Felipe»
Hoy, el cuadro del monarca colgado boca abajo en el museo local es el recordatorio perpetuo de una ciudad que, aunque ardió, nunca se doblegó.
A pesar del horror, el espíritu setabense no murió. A mediados del siglo XVIII, los ciudadanos lograron recuperar el nombre ancestral de su ciudad. El término «Socarrat», que inicialmente era un insulto de los invasores, fue transformado por los locales en un símbolo de orgullo y dignidad inquebrantable.
Hoy, el cuadro del monarca colgado boca abajo en el museo local es el recordatorio perpetuo de una ciudad que, aunque ardió, nunca se doblegó.
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