Xàtiva fue el portal por el que entró una de las tecnologías más disruptivas de la humanidad en Europa: el papel. Mientras el resto del continente seguía utilizando costosos pergaminos de piel animal, los artesanos setabenses ya dominaban el arte de transformar el lino y el algodón en suaves hojas listas para la escritura.
Bajo la dominación islámica, la ciudad aprovechó la abundancia de agua y la calidad de sus fibras textiles para fundar la primera fábrica de papel de Occidente. El papel de Xàtiva fue tan famoso que se exportaba a todo el mundo conocido.
Con una industria papelera consolidada, Xàtiva se convirtió en uno de los primeros centros de impresión tras la invención de Gutenberg. A finales del siglo XV, destacados impresores se establecieron en la ciudad para producir algunos de los primeros incunables del Reino de Valencia.
La imprenta local no solo produjo textos religiosos, sino también tratados médicos y jurídicos. Obras como el Regiment de la Pestilència son testimonio del nivel intelectual de una ciudad que supo unir la artesanía con la vanguardia tecnológica.
Hoy, el recuerdo de este esplendor cultural perdura en los archivos, recordándonos que Xàtiva fue, durante siglos, la gran biblioteca de Europa.
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